LA METRÓPOLI VERDE FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

San Zadornil 04

Las especies vegetales, ancladas al suelo por sus raíces, están adaptadas a unas determinadas condiciones de frio, calor, humedad o sequedad, que les permitieron nacer y crecer y en las que compiten con ventaja frente a otras.

Las plantas se “mueven” lentamente a  medida que su descendencia va ocupando otros territorios cuando las condiciones de floración, fructificación, diseminación y germinación son las adecuadas, y permanecen en ellos si son competitivas.

Cuando los cambios climáticos son lentos, como ha ocurrido de forma natural a lo largo de la historia terrestre,  la vegetación se va acomodando a la nueva situación poco a poco, avanzando o retrocediendo en altitud o latitud según el signo del cambio, sin que exista un riesgo importante.

Pero cuando el cambio climático es muy rápido, como el actual, las plantas no tienen tiempo de llegar a lugares adecuados para ellas, y empiezan a aparecer síntomas  asociados a dicho cambio. Los ejemplares adultos se debilitan y acaban muriendo por enfermedades y plagas y no aparecen ejemplares jóvenes que los sustituyan debido a la falta de regeneración.

Si en las inmediaciones de las especies que desaparecen hay otras especies más adaptadas a la nueva situación, éstas ocuparán naturalmente su lugar. Pero si no las hay empiezan los problemas y habrá que ayudar a la naturaleza en su lucha.

Aquí es donde la biodiversidad cobra especial relevancia, porque cuanto mayor sea la variedad de especies de un territorio más probable será que alguna de ellas pueda vivir en las nuevas condiciones climáticas y permita resistir al conjunto del ecosistema.

La Metrópoli Verde es especialmente resistente al cambio climático porque su biodiversidad es enorme debido a su indefinición climática y a la variedad de sustratos que en escasos metros hacen variar todo el conjunto.

Por eso conviven en estrecha cercanía especies adaptadas a climas muy variados: encinas con hayas, pinos silvestres, pinos negrales, robles albares, quejigos, rebollos, enebros, tejos, arces, castaños, acebos, olmos de montaña, serbales, chopos temblones, bojes, avellanos, cerezos, chopos, etc.

Cambie hacia donde cambie el clima, siempre habrá un especie dispuesta a ampliar el espacio que hoy ocupan en el territorio y mantener en él un bosque.

Será un bosque distinto, donde los pesos de cada especie habrán cambiado buscando un nuevo equilibrio adaptado a las nuevas condiciones climáticas. Como ha ocurrido en todos los cambios climáticos a lo largo de millones de años.